Conchita del Moral conoció a Dora en 1957 en Roma y trabajaron juntas durante más de treinta años:
Agradezco a Dios el haber pasado estos años junto a San Josemaría, Don Álvaro del Portillo y Dora, la primera mujer que pidió la admisión en la Obra para dedicarse a trabajar en las labores de la casa, realizando este trabajo con gran visión sobrenatural y una gran profesionalidad. He tenido la suerte de vivir junto a Dora en Roma 32 años. De ella he aprendido a trabajar bien y por amor a Dios, a cuidar los detalles pequeños y sobre todo me impresionaba su piedad, también la alegría y la preocupación por los demás.

Conchita del Moral Herranz
Dora era una mujer de una pieza, no se acobardaba por nada, cuando había que hacer algún trabajo que de por sí exigía más esfuerzo o era simplemente menos agradable, allí estaba la primera, sin dar ninguna importancia. Como ella era mayor que yo, le decía: Dora, ya lo hago yo y enseguida me contestaba: “no se me van a caer los anillos”, y lo realizaba ella.
Gracias, Dora por tu fidelidad al espíritu de san Josemaría y por lo que has influido en mi vida para ser feliz. Qué paciencia tenías con las más jovenes que veníamos casi sin saber hacer nada y como sabías pasar desapercibida, gracias. Ella, que era la primera Numeraria Auxiliar del Opus Dei, siempre quería pasar desapercibida. Sólo vivía para la Obra y para los demás. Recuerdo su delicadeza en enseñar, su valentía para corregir y además con cariño, jamás podías quedarte dolida.
Dora era una mujer de pocas palabras, pero de grandes hechos, te sacaba de todos los apuros. Era una gran profesional en lo referente a la Administración de una casa, estaba al día de los productos que salían al mercado, de las modas, por si convenía utilizarlos, para luego poder dar gusto a las demás. No despreciaba la ocasión de aprender, había hecho vida lo que tanto repetía San Josemaría: “La vocación profesional forma parte de la vocación divina”.
Cuento un detalle de cómo quería pasar desapercibida. Era una persona muy culta y un día me sorprendió y me dijo: Conchita, como me escriben de muchos sitios y a ti se te da bien escribir, ¿me harías el favor de contestar a mis cartas? Me quedé pensando porque Dora, en vez de pedir favores, los hacía ella. Le dije: bueno, pero luego las guardarán al ser de la primera Numeraria Auxiliar como una reliquia y sería una reliquia falsa. Parece que la estoy viendo, mudó la cara y me dijo: no digas tonterías, ¡vaya cosa que van a creer! Así lo hicimos, y me di cuenta una vez más de que hasta en esto no quería aparecer.

San Josemaría (dcha) con don Álvaro del Portillo
Yo resumiría su vida en pocas palabras: que sólo Dios se luzca. ¡Qué bien aprendió esta lección del Fundador! Ahora que está en el Cielo, acudo constantemente a ella y me hace miles de favores. A veces me la imagino, las caras que pondría según lo que le pido. Hasta en alto le digo: dai Dora, que no encuentro las gafas. Y enseguida aparecen, siempre la tengo a mi lado. Gracias, Dora.
Conchita del Moral Herranz
Torreciudad (España)