Con alegría y buen humor

27 08 2011

Mª Carmen Cominges conoció a Dora en junio de 1957 . Trabajaron juntas por más de treinta años.

  ”Supo llevar con alegría y buen humor las estrecheces económicas durante años. En alguna ocasión le oí comentar con mucha naturalidad y gracia -sin darle importancia-, el hambre que habían pasado -tanto los que con nuestro Padre estaban en la residencia, como las mujeres de la Administración- en el Centro de Città Leonina en Roma”.

Piazza di Citta Leonina

Piazza di Citta Leonina

 





Trabajo bien realizado

27 08 2011

Maruja Velasco conoció a Dora en Roma .

“Ayudaba a rezar trabajando sin ser pesada ni agobiante. Era rezadora sin espectáculo, valorando mucho la santificación en el trabajo bien realizado”.





Una oración constante

13 08 2011

Isabel García Martín trató a Dora desde 1991 hasta 2004. 

“Le oí comentar en bastantes ocasiones que ella siempre hacía sus oraciones habituales a la misma hora, porque lo había aprendido del Fundador del Opus Dei. Si había algún motivo razonable las adelantaba.

Tuve la oportunidad de ser testigo de esto durante 12 años: no llamaba la atención pero siempre estaba allí a la misma hora rezando”.

Rosalía López llegó  a Roma con Dora en  1946 y trabajaron juntas hasta 1975. Mantuvieron un trato frecuente hasta que Dora se marchó al cielo en enero de 2004. 

“Dora rezaba mucho (…). Cada vez vibrábamos más con los deseos de San Josemaría de llevar la fe hasta el último rincón del mundo, y nos decía muchas veces que iríamos a todos los países si desde aquí -desde Roma-, rezábamos mucho y trabajábamos con mucho amor de Dios”.

Dora del Hoyo, Encarnita Ortega y Rosalía López

Dora del Hoyo, Encarnita Ortega y Rosalía López





Una fe heroica

20 07 2011

Begoña Álvarez conoció a Dora en julio de 1956. Coincidió con ella durante doce años,  de 1961  a 1973.

“Toda la vida de Dora fue una repetición constante de actos y de obras de fe que se manifestaba en las diversas circunstancias fáciles y adversas. Yo diría que tuvo una fe heroica porque siempre trabajó oculta, inadvertida, muchas veces con carencia de medios, sin quejarse, haciendo todo por Dios y por los demás”.

 

Lolita Bañá trabajó con Dora desde 1974 hasta su fallecimiento en 2004.

“Cuando asistía a la Santa Misa se notaba el esfuerzo que ponía por seguir las oraciones del misal y por comulgar de rodillas. También hacía siempre la genuflexión hasta el suelo. Aunque tenía una agilidad muy buena para su edad se notaba que ponía esfuerzo”.

Dora del Hoyo y Lolita Bañá

Dora del Hoyo y Lolita Bañá

 





Paz en las dificultades

26 06 2011

Purita González trató mucho a Dora en Roma los años 1953 -1967.

“La esperanza de Dora se manifestaba cuando faltaban los medios económicos necesarios, ya que tenía paz en las dificultades. Era evidente que gozaba de paz y tenía alegría, porque se abandonó confiadamente en las manos de su Padre Dios“.

Dora junto con otras Numerarias Auxiliares en Roma

“Manifestaba horror al pecado. Tenía un gran espíritu de reparación y se dolía de los pecados de los demás. Se le notaba especialmente en la calle, cuando había lugares o anuncios en los que se ofendía a Dios”.





No hacía alarde de piedad

18 06 2011

Amaia Mintegui conoció a Dora en Roma y coincidió con ella hasta el momento de su fallecimiento.

Virgen del Santuario de la Mentorella

Virgen del Santuario de la Mentorella, que a Dora le gustaba visitar

Dora “no hacía alarde de piedad, pero (…) rezaba varias partes del rosario al día, muchas veces permanecía largos ratos de rodillas ante el sagrario, tenía mucha devoción a la Santísima Virgen y pedía con frecuencia que le acompañasen a algunos de los Santuarios marianos que hay en Roma y sus alrededores”.

“Se le veía recogida para recibir la sagrada Comunión y en la acción de gracias después de la Misa. (…) Muchas veces comentaba la urgencia que tenía de rezar por intenciones concretas que le habían encomendado”.




La misma categoría

2 04 2011

Conchita del Moral conoció a Dora en 1957 en Roma y trabajaron juntas durante más de treinta años:

Dora había aprendido de San Josemaría la importancia de su trabajo, por eso realizaba cualquier tarea con la misma intensidad e ilusión: igual importancia daba a preparar una buena comida  o un buen postre, que a planchar una camisa o lavar unos platos. Tenía muy presente lo que tantas veces había oído decir a nuestro Padre: “todos los trabajos tienen la misma categoría, la categoría depende del amor de Dios que se ponga en ello”.

Ver la ilusión que Dora ponía en todo su quehacer y su alegría, acrecentó en mí el deseo fuerte ser fiel en el camino que había elegido como Numeraria Auxiliar y me siento felicísima. Gracias Dora. Ya sé que no te gustaba que te diéramos las gracias, siempre que nos enseñabas a hacer algún trabajo o ante la paciencia que tenías para explicar las cosas, tu contestación era: “las gracias, ¿por qué? Es lo que tengo que hacer.”

En medio de la intensidad del trabajo, Dora no descuidaba los detalles pequeños, no por manía, sino por amor de Dios y porque sabía que era lo que constantemente enseñó San Josemaría, como había escrito en el punto 813 de Camino: “hacedlo todo por amor, así no hay cosas pequeñas: todo es grande. La perseverancia en las cosas pequeñas por Amor es heroísmo”. Dora era muy consciente de ello.

Dora trabajaba a buen ritmo y sin dar sensación de agobio. Cuando a veces le decía que a mí no me cundía como a ella, me miraba sonriendo, comentando que cuando llevara tantos años como ella seguro que la superaría.

Dora enseñaba con mucha paciencia y sabía muy bien lo que podía exigir a cada una. Con Dora se trabajaba a gusto y también se rezaba porque había aprendido de San Josemaría a hacer del trabajo oración, cuidando todos los detalles. Además, mientras trabajábamos, me invitaba muchas veces a rezar una parte del rosario.

 Conchita  del Moral Herranz

Torreciudad (España)





Decidida y trabajadora

31 03 2011

Encarna Domenech trabajó con Dora en Roma desde 1960 hasta 1993:

Madrid a principios del siglo XX

Dora era muy decidida, tenía mucha personalidad. Contaba con humor con qué seguridad se enfrentaba a los milicianos cuando, en el Madrid de los años treinta -antes de que estallara la guerra civil-, le salían al paso, preguntándole si iba a Misa. ¡Claro que no!, les decía ella, dirigiéndose directamente a la iglesia.

 

Ezia Mucciarelli trabajó con Dora durante 25 años, desde agosto de 1971 hasta marzo de 1996:

Cuando conocí a Dora tenía 57 años, a los 74 sufrió un infarto, y trabajé con ella hasta los 82. Dora se exigía mucho. Caminaba recta, no usaba el ascensor y trabajaba muchas horas de pie. Puedo decir que nunca la he visto enfadarse por cosas personales. Lo que sí le disgustaba era la chapuza, la suciedad y, sobre todo, ver que se hacían las cosas de mala gana.





Tiempo para los demás

29 01 2011

Mª Carmen Cominges conoció a Dora en Roma en junio de 1957. Coincidieron desde 1965 hasta marzo de 1996:

Si hay una virtud que caracteriza especialmente a Dora es la laboriosidad. Aprovechaba el tiempo al máximo. Y era fácil oírle: como me quedan unos minutos, voy a aprovechar para hacer tal o cual cosa. Fue heroica hasta el final. Siempre pedía que se le diese más trabajo, y cuando fue perdiendo facultades físicas –vista, por ejemplo-, se aplicaba a otros más sencillos, como repasar calcetines o la atención del teléfono.

Quería a las personas humana y sobrenaturalmente. Les daba su tiempo: formando y enseñando profesionalmente; y dando todas sus experiencias. En algunas ocasiones se enfadaba y reñía: solía suceder cuando había descuidos o dejadeces en los trabajos. Pero los enfados le duraban poco, y las personas no se quedaban dolidas con ella. Nunca aprecié que estuviera ofendida con nadie, ni que guardara ningún rencor.

Juan Pablo II

Quería mucho al Papa -el que fuese- y rezaba por él y por los Obispos. Recuerdo con qué ilusión asistió a la Santa Misa que celebró Juan Pablo II, pudiendo recibir la comunión de sus manos en diciembre de 1978.

Procuraba no llamar la atención y pasar inadvertida, en una ocasión nos lo hizo notar San Josemaría. Era el 24 de marzo de 1974. Había venido por primera vez el Fundador a Albarosa -un centro del Opus Dei que se acababa de abrir en Grottarossa, cerca de Roma- desde que nos trasladamos a vivir allí. Estábamos todas las que vivíamos en Albarosa reunidas con él, en cierto momento echó en falta a Dora, y nos preguntó: ¿dónde está esa hija mía que siempre quiere pasar oculta? Se había ausentado un momento, y el fundador del Opus Dei aprovechó para alabarla en su ausencia, con muchísimo cariño.

Mª Carmen Cominges

Valencia (España)





Una mujer de una pieza

22 01 2011

Conchita del Moral conoció a Dora en 1957 en Roma y trabajaron juntas durante más de treinta años:

Agradezco a Dios el haber pasado estos años junto a San Josemaría, Don Álvaro del Portillo y Dora, la primera mujer que pidió la admisión en la Obra  para dedicarse a trabajar en las labores de la casa, realizando este trabajo con gran visión sobrenatural y una gran profesionalidad. He tenido la suerte de vivir junto a Dora en Roma 32 años. De ella he aprendido a trabajar bien y por amor a Dios, a cuidar los detalles pequeños y sobre todo me impresionaba su piedad, también la alegría y la preocupación por los demás.

Conchita del Moral Herranz

Dora era una mujer de una pieza, no se acobardaba por nada, cuando había que hacer algún trabajo que de por sí exigía más esfuerzo o era simplemente menos agradable, allí estaba la primera, sin dar ninguna importancia. Como ella era mayor que yo, le decía: Dora, ya lo hago yo y enseguida me contestaba: “no se me van a caer los anillos”, y lo realizaba ella.

Gracias, Dora por tu fidelidad al espíritu de san Josemaría y por lo que has influido en mi vida para ser feliz. Qué paciencia tenías con las más jovenes que veníamos casi sin saber hacer nada y como sabías pasar desapercibida, gracias. Ella, que era la primera Numeraria Auxiliar del Opus Dei, siempre quería pasar desapercibida. Sólo vivía para la Obra y para los demás. Recuerdo su delicadeza en enseñar, su valentía para corregir y además con cariño, jamás podías quedarte dolida.

Dora era una mujer de pocas palabras, pero de grandes hechos, te sacaba de todos los apuros. Era una gran profesional en lo referente a la Administración de una casa, estaba al día de los productos que salían al mercado, de las modas, por si convenía utilizarlos, para luego poder dar gusto a las demás. No despreciaba la ocasión de aprender, había hecho vida lo que tanto repetía San Josemaría: “La vocación profesional forma parte de la vocación divina”.

Cuento un detalle de cómo quería pasar desapercibida. Era una persona muy culta y un día me sorprendió y me dijo: Conchita, como me escriben de muchos sitios y a ti se te da bien escribir, ¿me harías el favor de contestar a mis cartas? Me quedé pensando porque Dora, en vez de pedir favores, los hacía ella. Le dije: bueno, pero luego las guardarán al ser de la primera Numeraria Auxiliar como una reliquia y sería una reliquia falsa. Parece que la estoy viendo, mudó la cara y me dijo: no digas tonterías, ¡vaya cosa que van a creer! Así lo hicimos, y me di cuenta una vez más de que hasta en esto no quería aparecer.

San Josemaría (dcha) con don Álvaro del Portillo

Yo resumiría su vida en pocas palabras: que sólo Dios se luzca. ¡Qué bien aprendió esta lección del Fundador! Ahora que está en el Cielo, acudo constantemente a ella y me hace miles de favores. A veces me la imagino, las caras que pondría según lo que le pido. Hasta en alto le digo: dai Dora, que no encuentro las gafas. Y enseguida aparecen, siempre la tengo a mi lado. Gracias, Dora.

Conchita  del Moral Herranz

Torreciudad (España)